Vino y arquitectura, conjugación de placeres

¿Qué tanta importancia están concediendo las grandes bodegas a la arquitectura de vanguardia? ¿Y qué tan importante es el diseño del espacio íntimo donde se bebe el vino? Responden los propios arquitectos.

Por Ana Guerrerosantos

Así como las maderas de la barrica inciden tanto, tantísimo, en el sabor de un vino, y posteriormente el vidrio de la botella y el corcho mismo hacen lo propio en el resultado final, también influye el espacio donde esta bebida se sirve.

Sí, como origen: el terroir. Pero también, como destino, el sitio ulterior donde tiene lugar el acto de consumir este atemperado líquido es importantísimo. Y si todo espacio que habitamos está de alguna manera intervenido por el hombre, lo cual lo convierte en arquitectura, entonces la relación entre ésta y el vino es indivisible.

Bodega Marqués de Riscal, obra de Frank Gehry

La arquitectura: desde siempre. El vino: llegó después, al menos como ahora lo tomamos, en un ritual que involucra (o debe involucrar) a todos y cada uno de los sentidos. Pero el acto en sí, está siempre contenido en un espacio arquitectónico: cava, comedor, antecomedor, sala, antesala, recámara, terraza, y la lista se puede prolongar.

“La arquitectura influye, de alguna manera, a todas las actividades de la vida humana. El espacio no nada más define, sino de alguna manera determina las condiciones en las que hacemos todo, sea el deleite del vino o de una lectura, de todo. Todo tiene que ver con el espacio donde esto se realiza, sea el más arquitectónico o no”, sostiene Enrique Norten, ocupante de los primerísimos lugares en la lista de los mejores arquitectos a nivel internacional. Pese a ser mexicano, Norten actualmente proyecta tanto para México y Estados Unidos, como para varios países europeos y centroamericanos.

Sin ser ajeno al deleite del vino, agrega que “una buena arquitectura y un buen espacio evidentemente tienen que ver con el propósito para el cual se diseña, y si se da esta empatía, será una buena arquitectura con una buena relación entre la actividad y el espacio”.

Autor de proyectos arquitectónicos como la Biblioteca de Brooklyn en Nueva York, y el todavía no construido edificio para el Guggenheim Guadalajara, está por empezar a diseñar una bodega para Valle de Guadalupe, en Baja California.

A la usanza de las grandes firmas enólogas como Marqués de Riscal que recurrió al afamado Frank Gehry para la proyección de sus bodegas en España, o Viña Tondonia, en el mismo país, que solicitó para ello a Zaha Hadid, en los suelos vitivinícolas mexicanos ya empieza a despertar esta inquietud.

Así, a la lista de arquitectos que proyectan actualmente en los viñedos internacionales, entre los que también están Santiago Calatrava o Herzog y De Meuron, ahora entra Enrique Norten. “Vamos a hacer en Valle de Guadalupe un proyecto con hotel, spa y bodegas de vino”, cuenta. Y es entonces, cuando hace la anterior disertación sobre el binomio de la arquitectura y el deleite del vino. Pero en lo íntimo, cuando una botella se descorcha para comer o cenar, la relación o la empatía entre espacio y actividad, puede ser aún más estrecha y él mismo lo sostiene: “Con el vino no es diferente”.

Bodega Viña Tondonia, obra de Zaha Hadid, interior
Bodega Viña Tondonia, obra de Zaha Hadid, exterior

Espacios para la intimidad del vino

“La arquitectura es una manera de disfrutar la vida, como el vino. Una buena vista, iluminación agradable, chimenea, la sensación de bienestar que te brinda un buen espacio, conviven y se complementan con un buen vino”, dice Álvaro Morales, autor de diversa obra pública en Guadalajara. Así, “los placeres se conjugan, se exaltan, se mezclan en la percepción y se vuelven momentos. Tú habitas un espacio y el vino te habita a ti”, subraya.

Por su parte, el arquitecto Alfredo Hidalgo, organizador y titular del Foro Internacional de Arquitectura Com:Plot, añade que “la arquitectura de una casa influye en todo lo que puedas disfrutar dentro de ella, más aún si se trata de un placer asociado al gusto y que trae consigo tan sofisticado proceso para llegar a una copa ¡y a qué copa!”.

Hidalgo, quien atribuye el término de complicidad a la relación entre la arquitectura y el disfrute del vino, explica que es en la creación de atmósferas -a través de materiales, luz, espacios mismos y la forma en la que estos se conectan- como se van a hacer “recintos aptos para disfrutar” de esta bebida. Y lo anterior, asevera: “Es responsabilidad de la arquitectura”.

Juan Carlos Name, ex presidente de la Academia Nacional de Arquitectura, a su vez redondea lo anterior: “En una casa, este vacío interior (*) creado, adecuadamente diseñado y ambientado por el arquitecto, es indispensable para desarrollar cualquier actividad, entre ellas, disfrutar de una buena botella de vino”.

¿Es necesaria solamente la botella? Esta pregunta la hace el propio Name, a lo que responde: “Quizá no sea tan sencillo: Si así fuera, entonces el ambiente no importaría, y una cochera con luz de neón, un par de bancos y vasos de plástico serían suficientes para degustar un añejo Burdeos o un gran Rioja. En realidad, la arquitectura que constituye voluntaria o involuntariamente parte esencial de nuestras vidas, se sirve de una serie de artes, disciplinas y ciencias para la obtención de sus resultados. Volviendo al vino, habrá que imaginar un espacio esencial: la cava, un bar o un estudio, una habitación correctamente proporcionada, cobijada por los muros que la limitan con la justa escala y orientación de los vacíos -puertas y ventanas- que la integrarán con el exterior, bien ventilada y adecuadamente iluminada, decorada y amueblada”.

Como quien bien conoce su oficio y bien sabe de vinos, Name concreta: “El arquitecto tiene que pensar en un momento así: un rito que inicia con una buena compañía, y con la contemplación de la botella -que deberá estar a la temperatura adecuada-, le lectura de la etiqueta y el correcto retiro del corcho, el tiempo adecuado para dejar respirar o decantar el caldo, el servir la copa a su nivel, apreciar el color, el cuerpo, su aroma y poco a poco degustarlo, con un ambiente adecuado: luz indirecta, velas y quizá la Suite para Cello No. 2 de Bach”.

Todo está dicho, la arquitectura contiene en sí, no sólo a las demás de las artes, sino también a muchos otros de los placeres de la vida.

Bodega, obra de Santiago Calatrava
(*) “De la arcilla nacen las vasijas, pero el vacío en ellas produce la esencia de las vasijas. Muros con ventanas y puertas forman la casa, pero vacío en ellas produce la esencia de la casa. Lo material encierra utilidad.
Lo inmaterial produce la esencialidad”. Lao Tse.

Comentarios

1 respuesta a «Vino y arquitectura, conjugación de placeres»


  1. De un tiempo a esta parte, las bodegas en España están brillando por su arquitectura de vanguardia. Son una auténtica maravilla