Andrés Calamaro, el jugador con todas las cartas

En algún lugar de Argentina o de Iberoamérica, en este momento estará sentado Andrés Calamaro, componiendo canciones. Eso equivale a afirmar que ustedes o yo estamos respirando en este instante, valga la exageración.

Por Aldo Prieto


Para dar una idea general, se sabe que este cantautor porteño, uno de los más famosos y prolíficos que su país ha dado, tiene por ahí centenares de canciones guardadas, esperando ver la luz. Y según el ritmo al que ha «soltado» muchas de ellas en su portal de Internet últimamente, estamos seguros de que la anterior afirmación ya no es una hipérbole.

¿Cómo empezó esta vocación «desesperada»? Muy bien, retrocedamos unos 25 años, a cuando Argentina despertó de la pesadilla de la dictadura. Hasta ese momento los rockeros y muchos artistas eran reprimidos y quien se animaba a expresar cualquier tipo de rebeldía, era duramente castigado. Un poco antes de terminar dicho régimen de terror, surgió una banda llamada Los Abuelos de la nada, recordada de este lado del ecuador por no pocos treintañeros. Miguel Abuelo, uno de sus fundadores, invitó como miembro a Andrés, que ya mostraba dotes de guitarrista y tecladista. Ahí comenzó a componer y terminó creando varios de los temas más exitosos y que ayudaron a consolidar a dicha banda como una de las más emblemáticas del rock argentino. Sin embargo, hasta ese momento, el pibe no había encontrado todavía el rumbo que lo llevaría a ser la figura que es ahora.

Algunos nos preguntaremos por qué no conocemos tanto de él, o al menos por qué no lo hicimos mucho antes. Bueno, lo que pasa es que demoró un poco en ser profeta en alguna tierra. Después de la disolución de Los abuelos, editó un par de discos en solitario, pero no tuvieron éxito comercial, e incluso fueron una decepción, a pesar de contener colaboraciones de músicos como Charly García. Después las cosas mejoraron un poco: comenzó su labor de productor (Fabulosos Cadillacs, Enanitos Verdes) y al mismo tiempo fue uno de los cantantes en ser promovidos en la onda del rock en tu idioma a finales de los 80. De esa época es uno de sus mejores álbumes Nadie sale vivo de aquí. Pero con todo, el éxito seguía sin llegar.

Entonces junto con su amigo y colaborador Ariel Rot, toma la decisión de irse a España a probar suerte. Ese país fue catapulta artística y el comienzo de un extraño reinado en el exilio. Con Rot fundó Los Rodríguez, y comenzó no sólo a conquistar Iberia, sino a miles de seguidores de América Latina, incluida su tierra natal. Sin documentos, canción icónica de la banda, tuvo muchísimo éxito en Argentina, a raíz de su inclusión como tema en una película.

A partir de la colisión con el viejo mundo, se le abrió la puerta a estilos musicales muy diversos, que pronto serían explotados al máximo. Después de cinco años, regresa triunfante a Argentina, y graba Alta suciedad, que sería su disco mejor vendido y su consolidación como solista. Este disco contiene una canción con una frase que se volvería famosa: “fumarse un porrito”, lo cual provocó escándalo y hasta un juicio en su contra. Pero es que bien tenía ganada su fama de excesos a todo lo que daba un rock star. Poco después comenzó el desenfreno, pero ahora el creativo. Para el álbum Honestidad brutal de 1999 (por cierto inspirado y marcado por el dolor de una separación con su pareja), escogió 37 de entre 100 temas que tenía preparados. Guardemos las exclamaciones para cuando un año después editó El Salmón (de ahí su apodo), para el que tenía listas unas 500 canciones (!), de las cuales únicamente seleccionó 103 para este álbum de 5 cd’s, hito en la producción musical latina.

Rock de varios sabores, rumba, cumbia, ranchero, blues, funk, tango, reggae, y hasta graciosos boleros forman ya parte de su ramillete lírico y musical. Como un jugador de póker que tuviera todas las cartas en su poder. Se siente como si fueran varios Calamaros, cada uno con distintas influencias, pero en realidad es un sólo artesano fantástico. Sus canciones van desde la nostalgia y el dolor hasta una alegría irreverente, pasando por la rabia, el amor y delirantes letanías. Adora las menciones a la vida moderna y a lo ordinario, y es que dice cosas simplemente ciertas, de las que tal vez nadie se había percatado. Abraza lo que otros desdeñan y resulta mágico.

Ahora podemos apreciar a un Calamaro que homenajea sin reservas desde a The Beatles como a Armando Manzanero, pasando por Gardel y otros baluartes de la canción iberoamericana. Se rinde tributo incluso a sí mismo: el último disco en estudio, La lengua popular, contiene temas de varios estilos que recuerdan a anteriores etapas propias. Tuve la fortuna de estar en Argentina cuando salió a la venta y tal era el furor, que hasta un taxista llegó a comentármelo: “¿ya compró el último de Calamaro?”.

La desesperación por asimilar todo lo anterior será calmada con su próxima visita a México para dar conciertos, ¡por primera vez en toda su carrera! Vayamos a comprobar la calidad musical que motivó a Bob Dylan a invitarlo a participar en una de sus giras. Y a sentir la presencia de uno de los más valiosos activos fijos de la música popular en castellano. Que “El Salmón” juegue nuevamente con su público. Lo dejaremos ganar.


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