Fiestas de la vendimia: La celebración del vino

Surgieron como símbolo de la alegría por el final de la cosecha. Y aunque el turismo las está globalizando, lo cierto es que estas celebraciones se remontan a los tiempos en que el vino era el puente entre dioses y hombres. En Latinoamérica las fiestas más impresionantes son la de Mendoza, casi un carnaval. Lo interesante es que cada región vitivinícola le pone de su cosecha.

Por Gerardo Lammers

Cada pueblo las celebra a su manera. Todavía.

En algunos casos son fiestas sencillas, que dan gracias por la cosecha, bendicen los frutos y brindan por el nuevo ciclo que se renueva. En otros, sin embargo, llegan a ser poco menos que un carnaval y son consideradas fiestas nacionales.
Y aunque en las regiones vitivinícolas de México se celebran antes de la cosecha (por cuestiones de logística), la realidad es que se trata de celebraciones que de manera natural, son el broche de oro del momento de más trabajo y mayores beneficios para una localidad vitivinícola: la recolección de las uvas.
Dice Guy Woodward, subdirector de la revista Decanter, que si los grandes vinos deben hablar de la región de donde proceden y si un vino es con frecuencia un microcosmos del carácter nacional del país que lo produce, pues entonces las fiestas del vino permiten “atisbar la naturaleza de la región, tanto en lo humano como en lo vinícola, además de catar el líquido que llena las copas”.


Son aproximadamente ochenta países los que figuran como productores de vino en el mapa vitivinícola mundial, representantes a su vez de cientos de regiones, con sus respectivas tradiciones. Algunas de estas tradiciones vitivinícolas son milenarias, como las europeas; otras comienzan recién el siglo pasado, como la japonesa. Pero llegado el otoñal tiempo de la vendimia, sobran motivos para agradecer y celebrar.
Y es que desde que la vid despierta de su sueño invernal llegada la primavera, hasta que los racimos de uvas están en su punto exacto para ser recolectados, de noche o de día, todo puede pasar: tormentas, heladas, granizadas, plagas. Temporales de mucho o poco sol. Todos estos son factores que amenazan a los viñedos a lo largo del año, por lo que los viticultores tienen que estar muy atentos. Este gran cuidado se traduce en trabajo. Por eso cuando una cosecha llega a buen término, ocurre la fiesta.

Los dioses antiguos

El origen de las fiestas de la vendimia está marcado por la relación entre el ser humano y los dioses antiguos, es decir, las fuerzas de la naturaleza. El acuerdo entre las deidades, así como su generosidad, traía consigo el alimento para el cuerpo y también para el alma. De ahí el sesgo religioso, en el sentido más amplio del término, de estas celebraciones.
Según el historiador chileno Gonzalo Rojas A., los registros históricos más antiguos de la celebración de estas fiestas se remontan al año 1000 a.C., en las costas del Mar Mediterráneo Oriental, específicamente en la región fenicia y el antiguo Israel: “Todo indica que en Canaán, Judea, al oriente de Bakaa (actual Líbano) se mantienen hasta hoy las tradiciones festivas de las vendimias más antiguas, de las que al menos tenemos registro escrito”, dice el especialista.

“Otras festividades dedicadas al vino –prosigue el historiador sudamericano– que se han conocido, son del mundo antiguo grecorromano. Para el año 900 a.C., en los tiempos homéricos, los viticultores griegos de renombre, agasajaban a los pueblos cercanos cada año en las fiesta de la vendimia, asunto que les redituaba poder y prestigio en la región. Posiblemente con técnicas importadas de Egipto, los griegos también fueron responsables de difundir la vitivinicultura por todo el Mediterráneo europeo, llevando con ello a sus colonias de la Península itálica, Francia e Hispania, sus tradiciones agrícolas, entre ellas la celebración de las fiestas de la vendimia.
“Esta fiesta griega se caracterizaba por reunir a ricos y pobres en un jolgorio que duraba días; todo quehacer político o militar quedaba olvidado y se enaltecía la profunda tradición agraria que conectaba al pueblo con sus orígenes. Al mismo tiempo, se agradecía por la nueva cosecha, que renovaba el ciclo fantástico de unión entre lo terreno y lo divino, entre lo inmortal y lo perecedero, ya que el vino no era sino el puente entre los hombres y los dioses”.

El pisado de las uvas

Tocó a los romanos, en el auge de su imperio, propagar su rudimentaria pero efectiva técnica de elaboración, que consistía en pisar las uvas en lagares de piedra y dejar después fermentar el mosto de manera natural.
En la actualidad, la mayor parte de las fiestas de la vendimia que se hacen en el mundo incluyen de una u otra forma el ritual del pisado de las uvas.


“Durante más de una hora recorrimos las cepas cogiendo unos racimos de uva impresionantes, maduros totalmente y apretados”, narra un turista español que viajó recientemente a los viñedos de Andalucía. “A media mañana nos detuvimos a ‘echar las diez’, como decíamos en mi pueblo: un poco de pan con embutidos de la zona nos reconfortaron para el camino de regreso. Los olores, todo el mundo se puede imaginar son indescriptibles: romero, campo… Al caer la tarde inició la pisada de uva. Después de lavarnos los pies, nos metimos en un gran cuenco de madera. Fue de lo más divertido. Las sensaciones eran muy originales: las uvas entre los dedos de los pies y el mosto saliendo a borbotones. Charlamos, reímos y bebimos el mosto que alguien iba filtrando y llenando los vasos. Cuando cayó la noche todo el mundo estaba contento. Fue una experiencia distinta, unidos a la tierra por la vendimia y por el maravillosos paisaje que nos envolvía”.

La influencia cristiana

El primer milagro que hizo Jesucristo, según dicen los evangelios, fue convertir el agua en vino. Y uno de los momentos culminantes de la Última Cena fue cuando transformó el vino en su sangre. De esta forma, el agua de vides se convertía en un elemento imprescindible para el cristianismo y para la cultura judeo-cristiana en general.
Los primeros misioneros que llegaron a tierras americanas trajeron vides europeas (Vitis vinífera, según su nombre científico) y las empezaron a cultivar en el Nuevo Mundo con la finalidad principal de que nunca faltara el vino para la celebración de la eucaristía. Poco a poco, las fiestas de la vendimia fueron adquiriendo un nuevo recubrimiento religioso, pues tanto en Europa como en Latinoamérica las celebraciones hoy en día comienzan con las bendiciones de los frutos y el mosto para el vino nuevo, mismo que se encomienda a la Virgen María o al Santo Patrón de cada poblado con extensiones de viñedos. Así ocurre cada septiembre en La Rioja, una de las regiones vitivinícolas más importantes de España y del mundo, en donde el acto más significativo es la oferta del primer mosto (obtenido mediante el pisado de las uvas) a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja. Cuando las autoridades lo han probado y lo ofrecen a los asistentes, comienzan las fiestas de San Mateo. Después de este acto ya puede empezar a elaborarse el vino en todas las bodegas.

Acercándonos a la modernidad

Sin embargo, según asegura Rojas, el historiador antes citado, “la imagen de las fiestas de la vendimia que tenemos hoy nos ha sido legado por la Francia Republicana, la cual enaltecía las actividades de los hombres, revalorizaba las tradiciones agrarias y promovía la emancipación campesina fuera del peso lúgubre de la iglesia medieval”.
A mediados de septiembre se celebran las fiestas de la vendimia en la localidad gala de Tain L’Hermitage, en Drôme, en el corazón de los viñedos de Côtes du Rhône septentrionales. La celebración reúne todos los requisitos de una fiesta popular, desde el “apéritif concet” (trozos de opereta y canción francesa cantados en la calle) hasta concursos de petanca (una especie de juego de canicas gigantes), carreras cicloturistas, concursos de vinos y desfile de carrozas, colofón al trabajo de más de 35 mil vendimiadores que, durante la cosecha, suelen tocar música y entonar cánticos, convirtiendo a la región en un alborozo digno de presenciar.
La tradición de las fiestas de la vendimia, a su vez, se va reforzando con nuevas tradiciones locales y regionales.
En Moravia, famosa región de lo que hoy es la República Checa, se encuentra Velké Pavlovice, importante centro vinícola que se especializa en vinos tintos, entre los que destacan las variedades frankisch, blauer portuguiese y andré (híbrido de las variedades frankisch y saint laurent). En este lugar de la Europa del Este, la vendimia era precedida tradicionalmente por el “cierre de monte”. Según un reporte de Radio Praga, se trataba de un cierre simbólico del viñedo cuando las uvas estaban en la última fase de maduración, ya que existía el peligro de que alguien pudiera dañar o robar la cosecha. El monte lo representaba un palo decorado con flores, hierbas, hojas y trigo, que se clavaba en la tierra. A partir de ese momento, nadie, excepto el dueño, podía entrar en el viñedo. Por la violación de esta prohibición se imponían severos castigos.
De acuerdo con esta tradición europea, los viticultores se reunían en sus bodegas, debatiendo sobre los sucesos del año anterior y resolviendo los problemas del pueblo. No faltaba el vino en la mesa, así que a menudo las mujeres esperaban en vano a sus esposos con la cena. Cuando los viticultores y los concejales llegaban a la conclusión de que la cosecha estaba madura, se abría el monte y empezaba la vendimia.
Hoy en día, la tradición del “cierre de monte” se escenifica cada año en la fiestas de Velké Pavlovice así como en algunas regiones de Eslovaquia, país vecino de la República Checa. Esta tradición va acompañada de bailes folclóricos, desfiles a caballo y de carros alegóricos, donde se canta, se baila y, claro, se degusta el vino.

Bodegueras y reinas

Uno de los rituales más comunes de las fiestas de la vendimia en el mundo, dejando de lado el pisado de las uvas, es la elección de la reina. Los orígenes de esta alegre tradición tienen que ver con la participación que las mujeres siempre han tenido en la recolección de las uvas.
En Cigales, municipio de Valladolid, España, tiene lugar el desfile de las bodegueras, es decir, las doce jóvenes que representan a los pueblos de la Denominación de Origen y entre las que se elije a la bodeguera mayor. Todo ello en medio de la música y la verbena popular de la plaza que, durante toda la tarde, conmemora la vendimia a los pies de la iglesia. Los viñedos están presentes en las tradicional marcha cicloturista que recorre 80 kilómetros de la ruta del vino de Cigales.
Sin embargo, es en Argentina, y más concretamente en Mendoza, una de las capitales mundiales del vino, donde la elección de la reina y las fiestas de la vendimia se convierten en celebraciones multitudinarias que se extienden a lo largo de hasta tres meses.
Aunque parezca increíble, las fiestas de la vendimia en Mendoza comienzan en enero y se prolongan hasta marzo (hay que recordar que en el hemisferio sur, la época de la vendimia ocurre hacia el mes de marzo). Esto debido a que cada departamento de los que componen esta provincia argentina elige a su propia reina, misma que viajará hasta la ciudad de Mendoza al certamen principal que tiene lugar en el gran anfiteatro Frank Romero Day durante los primeros días de marzo. La expectación por la elección de la reina, acontecimiento central de las fiestas de la vendimia, es tal, que las miles de personas que no pueden obtener entradas para el anfiteatro, observan el acto desde los cerros vecinos o lo miran por televisión.
Después de la coronación de la reina ocurren los fuegos artificiales y da inicio un espectáculo musical sobre un escenario gigante, con bailarines y cantantes, que se prolonga durante toda la noche y se repite días más tarde para complacer a más y más visitantes. En algo se parece a un carnaval. Sin embargo, los más puristas se quejan de que las candidatas a reinas de Mendoza en la actualidad son modelos que nunca han tenido contacto con el trabajo duro de un viñedo.
Podría pensarse que en Chile, país vitivinicultor por excelencia, las fiestas de la vendimia son centenarias como sus parras. Sin embargo, no es así. De hecho, tuvo que llegar el bodeguero español Miguel Torres a establecer su empresa a principios de la década de los setenta, para que el rito de la celebración de la vendimia comenzara. El historiador Rojas atribuye este fenómeno al catolicismo recalcitrante del pueblo chileno y en especial al hecho de que en el hemisferio sur, la cosecha de uvas se traslapa con la época de cuaresma. En la actualidad todas la regiones vitivinícolas de Chile celebran las fiestas y el interés, tanto de ciudadanos nacionales como extranjeros, va en aumento. Las de Curicó son unas de las más famosas, en las que por supuesto no falta la coronación de la reina.

La explosión del turismo

La aparición del turismo a pequeña, mediana y gran escala ha tenido su efecto en la celebración de las fiestas. Quizá siguiendo el ejemplo del desarrollo de Napa Valley, en California y su ruta del vino, lo cierto es que prácticamente todas las regiones vitivinícolas del mundo se han abierto al turismo, como una manera de potenciar sus respectivas economías y de promover el vino que producen.
A las tradiciones (antiguas y no tanto) se suman nuevos conceptos de servicios que buscan satisfacer las demandas de los viajeros y hacer más placentera su estancia durante estas épocas.
Tal parece que hoy en día el pisado de las uvas, la bendición de los frutos y la coronación de las reinas bodegueras no bastan. Hay que sumarle visitas a los viñedos (con experiencias reales de cosecha), festivales gastronómicos, concursos de vinos, conciertos musicales, teatro, danza, exposiciones artísticas y sesiones de vinoterapia en exclusivos resorts, por mencionar sólo algunas de las actividades a las que un turista tiene acceso en Francia, España, Argentina o México.
Aunque es un hecho que la globalización está ejerciendo su efecto en las fiestas de la vendimia, vale la pena recalcar que la cosecha de las uvas y el vino invitan a acciones esenciales en la vida de todos los seres humanos, como lo son agradecer por un ciclo que termina y brindar por el que viene. En esta época de alta velocidad y realidades virtuales, resulta conveniente no olvidar nuestra unión con la tierra. Más conveniente aún es celebrarla.


Publicado

en

,

por